Espero que la disfrutéis.
1ª parte,
Siempre estuvieron ahí...
La Guardia Impasible estuvo ahí desde el comienzo, desde que
el primer Rey de los druadan, Ephriades, se alzó victorioso sobre Urgol Hijo de
Gigantes, y de sus rígidas manos arrebató la corona de granito, ridícula en
tamaño para colosal caudillo. Fueron los primeros en entrar en la ciudad de
Atrias, en Altamontaña, junto con Asgolin el Cuarto Rey sin Tierra, y con sus
martillos y escudos, con su fuerza y determinación, derrotaron a los hombres
bestia conocidos como los wyldbern y los expulsaron a los bosques donde se
ocultaron de la vista humana. Fue la Guardia Impasible, los cuales aun quedando
tan solo 27 miembros, se mantuvieron firmes a las puertas de palacio y evitaron
que las fuerzas del hermano traidor del rey Ebramn el Unificador irrumpiesen en
el interior para evitar la unión con los Tiardeen, se dice que ciento cincuenta
enemigos murieron aquel día, y tan solo seis Guardias perdieron la vida, desde
entonces nadie osó variar el número, veintisiete fueren suficientes para
detener a un ejército y veintisiete serían hasta el final de los días. Ellos
fueron quienes mataron a la serpiente de fuego, la que aterrorizó por cincuenta
años a los reinos libres. Y en los
tiempos de Fiel-Thaun, el rey herrero, décimo segundo rey de los druadan,
fueron los encargados de entrar en la ciudad caverna de Xarcxan para derrotar a
los insidiosos leathis, y fue el mismísimo capitán Yeale quien cercenó la
cabeza del rey insecto Acrass con la espada de Galganis, obsequio del rey por
su amistad y obediencia.
Fiel servicio ofrecieron a todos los reyes, y jamás nadie
consiguió derrotarlos, su determinación férrea y su habilidad con las armas los
hicieron imbatibles. Mas ahora, en el mandato de Arthas Su-Dael, décimo noveno
rey de los druadan, un mal se había levantado en oriente. Se lo conocía como
Ghabarnas, no era ni dios ni mortal, el enemigo carecía de identidad pues era
un concepto, una forma de concebir el mundo que se había propagado cual
enfermedad, infectando las mentes con la idea del caos y la barbarie. Ni los
sabios de la Torre de Nácar supieron cómo se originó esta ideología, pero si
sabían una cosa, que los druadan no entraban en sus planes de futuro, y el
pasado retornó con una furia terrible de las manos de los wyldbern, principales
adalides de Ghabarnas y ancestrales enemigos, quizás fueron los actos de los
druadan los que los arrojaron a este maelstrom de destrucción, pero eso no
importaba ya.
El mayor ejercito que se había visto desde los tiempos de
los reyes sin tierra se reunió en el bosque de Daliel, a los pies de la bella
ciudad de Atrias, los hombres bestia se contaban a miles, sus formas grotescas
y peludas, semihumanoides de rasgos felinos, se agolpaban cual manada y
gritaban al cielo con los ojos inyectados en sangre y soltando espumarajos por
la boca, una furia salvaje se había apoderado de ellos, se rasgaban el cuerpo y
se mordían unos a otros ansiosos por el inminente combate. Los wyldbern siempre
habían sido ignorados, y desde que fueron expulsados no infirieron mucho en la
historia de los druadan, pero esto difería mucho de sus pequeños asaltos o
rencillas. Pese a que sus medios no eran muy evolucionados, tal era su número
que hicieron atemorizar a la población. Pero el rey, ágil en el verbo y de
presencia inspiradora, llamó a la tranquilidad desde los balcones de palacio en
la plaza Hexagonal, pues ningún ejército podría irrumpir en la ciudad con armas
de hierro y sin maquinaria de asedio, y aunque así fuese y venciesen a uno de
los mejores ejércitos de las Tierras Septentrionales, por centurias nadie había
derrotado a la Guardia Impasible. Y así continuaría por mucho tiempo como bien
se había pronosticado.
Continuará...
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