jueves, 14 de marzo de 2013

El último rey (relato corto)

Este es un relato corto en el que estoy trabajando, aquí va la primera parte.
Espero que la disfrutéis.


1ª parte,
Siempre estuvieron ahí...


 La Guardia Impasible estuvo ahí desde el comienzo, desde que el primer Rey de los druadan, Ephriades, se alzó victorioso sobre Urgol Hijo de Gigantes, y de sus rígidas manos arrebató la corona de granito, ridícula en tamaño para colosal caudillo. Fueron los primeros en entrar en la ciudad de Atrias, en Altamontaña, junto con Asgolin el Cuarto Rey sin Tierra, y con sus martillos y escudos, con su fuerza y determinación, derrotaron a los hombres bestia conocidos como los wyldbern y los expulsaron a los bosques donde se ocultaron de la vista humana. Fue la Guardia Impasible, los cuales aun quedando tan solo 27 miembros, se mantuvieron firmes a las puertas de palacio y evitaron que las fuerzas del hermano traidor del rey Ebramn el Unificador irrumpiesen en el interior para evitar la unión con los Tiardeen, se dice que ciento cincuenta enemigos murieron aquel día, y tan solo seis Guardias perdieron la vida, desde entonces nadie osó variar el número, veintisiete fueren suficientes para detener a un ejército y veintisiete serían hasta el final de los días. Ellos fueron quienes mataron a la serpiente de fuego, la que aterrorizó por cincuenta años a los reinos libres.  Y en los tiempos de Fiel-Thaun, el rey herrero, décimo segundo rey de los druadan, fueron los encargados de entrar en la ciudad caverna de Xarcxan para derrotar a los insidiosos leathis, y fue el mismísimo capitán Yeale quien cercenó la cabeza del rey insecto Acrass con la espada de Galganis, obsequio del rey por su amistad y obediencia.

 Fiel servicio ofrecieron a todos los reyes, y jamás nadie consiguió derrotarlos, su determinación férrea y su habilidad con las armas los hicieron imbatibles. Mas ahora, en el mandato de Arthas Su-Dael, décimo noveno rey de los druadan, un mal se había levantado en oriente. Se lo conocía como Ghabarnas, no era ni dios ni mortal, el enemigo carecía de identidad pues era un concepto, una forma de concebir el mundo que se había propagado cual enfermedad, infectando las mentes con la idea del caos y la barbarie. Ni los sabios de la Torre de Nácar supieron cómo se originó esta ideología, pero si sabían una cosa, que los druadan no entraban en sus planes de futuro, y el pasado retornó con una furia terrible de las manos de los wyldbern, principales adalides de Ghabarnas y ancestrales enemigos, quizás fueron los actos de los druadan los que los arrojaron a este maelstrom de destrucción, pero eso no importaba ya.

 El mayor ejercito que se había visto desde los tiempos de los reyes sin tierra se reunió en el bosque de Daliel, a los pies de la bella ciudad de Atrias, los hombres bestia se contaban a miles, sus formas grotescas y peludas, semihumanoides de rasgos felinos, se agolpaban cual manada y gritaban al cielo con los ojos inyectados en sangre y soltando espumarajos por la boca, una furia salvaje se había apoderado de ellos, se rasgaban el cuerpo y se mordían unos a otros ansiosos por el inminente combate. Los wyldbern siempre habían sido ignorados, y desde que fueron expulsados no infirieron mucho en la historia de los druadan, pero esto difería mucho de sus pequeños asaltos o rencillas. Pese a que sus medios no eran muy evolucionados, tal era su número que hicieron atemorizar a la población. Pero el rey, ágil en el verbo y de presencia inspiradora, llamó a la tranquilidad desde los balcones de palacio en la plaza Hexagonal, pues ningún ejército podría irrumpir en la ciudad con armas de hierro y sin maquinaria de asedio, y aunque así fuese y venciesen a uno de los mejores ejércitos de las Tierras Septentrionales, por centurias nadie había derrotado a la Guardia Impasible. Y así continuaría por mucho tiempo como bien se había pronosticado. 

Continuará...

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